LA ECLOSIÓN DEL SMSEM

 LA ECLOSIÓN DEL SMSEM
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Hermanas y hermanos de clase, este año y el anterior han sido inéditos. En el transcurso de pocos meses, tuvimos que reinventarnos. También a nuestra práctica docente.

Aprendimos lo que no sabíamos, nos volvimos comunicadores, youtubers, tutores de vida, informadores, especialistas en redes y herramientas tecnológicas.

Entramos a la casa de nuestros estudiantes y los invitamos a la nuestra. En ese proceso desafiante, peligroso, difícil; todos evolucionamos. Difícilmente los nosotros mismos de hace un año, se parecen a quienes somos hoy.

El coronavirus nos puso en jaque en lo social y personal, al poner en riesgo lo más básico e importante que tenemos: Salud, vida. Nos confrontó en nuestro fuero más personal, íntimo.

Nuestras formas de ver, vivir, pensar, actuar

Obligándonos a cambiar.

Darnos cuenta de lo que es verdaderamente importante, imprescindible. Amigos, libros, amores, experiencias, han sido en este tiempo las irrenunciables.

El resto se difuminó sin apenas darnos cuenta.

Las instituciones de todo el mundo, de ningún modo fueron la excepción. A consecuencia de la pandemia, quedaron al descubierto tanto áreas de oportunidad, como fortalezas. En lo tocante a liderazgos, los estadistas mostraron que lo son, los prestidigitadores también lo pusieron de manifiesto.

La unidad de medida es incuestionable:

Pretextos o resultados.

En el caso de la única y mejor herramienta en la defensa de nuestros derechos y foro de expresión de las legítimas demandas del magisterio estatal: El Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México. Cómo todo organismo vivo, debe evolucionar de la mano de cada uno de sus agremiados.

Nosotros.

Ello, a través de participación activa, crítica, argumentada, propositiva, responsable, pero sobre todo respetuosa de cada uno.

A la manera de una oruga que construye su capullo para convertirse en algo diferente, mejor. En lugar de encerrarse en sí misma para seguir viviendo como oruga, las y los maestros agremiados al SMSEM, tenemos la oportunidad histórica de convertirlo en una mejor versión de sí.

También de nosotros mismos, cercanos a la profesionalización, lejanos del dogmatismo. Defensores convencidos de la democracia dialogante. Intercambio argumentado de altura, construcción de acuerdos por encima de la descalificación burda, grosera, inculta. Ajenos al “conmigo o contra mí de los intolerantes”, cercanos, muy cercanos al “antes que nada, somos hermanas y hermanos de clase”.

Tomemos distancia de quienes buscan vencer sin convencer, dividir para ganar a costa nuestra. De los egoístas que persiguen separarnos para obtener beneficios desleales.

Miremos al futuro, juntos, fuertes, sin escuchar voces divisoras. La alternativa es la inmovilidad, o el retroceso ilógico y antinatural. Sanas son las diferencias, equivocado es utilizarlas como excusa para segregarnos.

Aprendamos a volar, llegó el momento.

Shayd Santillán.

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