ENTRE ALFEÑIQUE, CEMPASÚCHIL Y TRADICIÓN, TOLUCA LEVANTA EL TELÓN DE SU FIESTA MÁS DULCE
HACER LO QUE NOS CORRESPONDE
UN TEXTO SOBRE VERDAD
Dedicado a la familia Buenrostro Ávila, mis oraciones con ustedes.
Sin ser una persona espiritual, he procurado vivir, con escaso éxito, hay que decirlo. De acuerdo con los principios aprendidos en casa. Que son los de la tradición judeo cristiana, con la cuál he tenido una reconciliación, al menos de mi parte. Porque los fundamentos llevan milenios ahí. En espera de todo aquel que sepa-quiera entenderlos. Luego de un alejamiento más producto del desconocimiento, confundido con convicción independentista. Que de un proceso reflexivo serio, consciente y maduro.
Por fortuna, la Madre Iglesia, siempre está ahí. Para perdonar, por la autoridad conferida a ella, previo arrepentimiento.
Alguna vez me acerqué al libro de cabecera de los cristianos, o mejor dicho, conjunto de libros. Escrito por inspiración, según algunos, y leído por otros con visión historiográfica, sociológica, política. Cuando según me parece, lo que más contiene, luego de lo obvio, la relación de los humanos con lo divino; es puro sentido común.
Porque si bien está repleto de lenguaje críptico, cuando se trata de decir las cosas como son; no se deja lugar a dudas. Vaya, hasta te dice a qué altura lavarte las manos. Entonces cuando el Hijo del Hombre, contesta que amar al prójimo es lo segundo más importante que debes hacer. No creo que haya lugar a interpretaciones diversas.
Sin embargo, hay algunos pasajes que sin ser tan sencillos, tampoco permiten disertaciones. Estos se han convertido el eje alrededor del cual me gustaría girara algún día, mi actuar. Sin ser tan digeribles como el “trata como quieres que te traten”, dan una de las mayores lecciones de vida, si se tiene la disposición y valor de verla.
HAZ, LO QUE TE CORRESPONDE.
Empiezo con la mayor, pero más breve.
Jesús de Nazaret, termina de orar en el Getsemaní. Tiembla de miedo, sabiendo lo que viene. Porque en esto, saber es fundamental. Lección: sin libre albedrío, no hay nada.
Y dice a su padre, en un diálogo personal y doloroso: “Si es posible, aparta de mí, esta copa”.
Lo dicho, está aterrado.
Una de las criaturas de más alto rango en el universo, devenido uno de nosotros por propia voluntad. Con la única finalidad de rescatarnos por y con puro amor. Tiene toda razón y derecho de temer. Pero cobrando valor, de la misma forma que cada uno de nosotros puede hacerlo, sobreponiéndose continúa:
“Más, hágase tu voluntad, y no la mía”.
Lección: HAZ, LO QUE TE CORRESPONDE.
Con esa sola decisión, en el momento más crucial de todos, se desencadena el perdón para la humanidad.
Otro ejemplo es Daniel o Beltsasar, dependiendo de si eras babilonio, o hebreo. Y sus tres amigos, cuyos nombres también fueron cambiados. En ese proceso tan socorrido en la culturización, en que el opresor niega al oprimido, hasta el derecho a la identidad. Ananías, Misael y Azarías, convertidos en Sadrac, Mesac y Abed-nego. Jóvenes talentosos que pronto se posicionaron en la corte del entonces, rey más poderoso del mundo:
Nabucodonosor.
Resulta que al rey, se le ocurre la idea de reorganizar el organigrama divino. Inventa un dios y exige, porque los poderosos a veces creen que pueden; adoración para esta nueva deidad. Organiza una ceremonia, para que todos se inclinen ante esta divinidad de reciente hechura, y de paso, ante él mismo.
Todos lo hacen menos estos tres niños, que se quedan derechitos y callados. Como nunca falta algún adlátere. (Lección: siempre hay alguien dispuesto a renunciar al decoro y dignidad, a cambio del dudoso privilegio de quedar bien). El rumor llega al rey, quien herido en su ego; que antes no se llamaba así, pero era lo mismo. Los hace llamar para dejar en claro ante todos, que él, y sólo él es el jefe.
Les amenaza de muerte, como complemento del bochornoso numerito de aplastar resistencias. Y burlón increpa: “¿Creen que su dios los salve del horno al que planeo tirarlos por desobedientes?”. A lo que responden sin pestañear: “Sí”.
Aunque no se quedan monosilábicos, que no era momento para la modestia. Así que insisten: “Pero, si no nos salva, que te quede claro, con todo respeto. Que no nos vamos a inclinar. Por si estabas con el pendiente. Así qué, ve poniéndole más leña a tu horno”.
Cosa que el rey, rojo de coraje, manda hacer.
Y los lanza.
En efecto, un ángel los salva. Pero ellos, no sabían que esto fuera a ocurrir. Lección: HAZ, LO QUE TE TOCA. Hay cosas que no ocurren en tu cancha, no las sabes, y sin las supieras, no las entenderías. Así que esto es simple, cumple con lo que te corresponde.
Pero sin duda mi favorita es la historia de Job. Un hombre justo que de pronto se ve envuelto en una trama que no conoce, y tampoco habría podido comprender. Pero que involucraba eventos más grandes que él, en realidad más grandes que todos.
La saña con que es tratado, deja muy claro que el diablo estaba bien puesto para probar su punto: Que los humanos, y de paso tal vez otras criaturas de mayor estatura, sólo somos fieles mientras todo está en orden. Pero en cuanto las cosas cambian, así también nuestras convicciones. Esta afirmación, no podía ser pasada por alto.
Lección: Se escucha a todos, incluso a los antagonistas.
Así que Job, es puesto a prueba; perdiéndolo todo. En medio de esto, llegan algunos pretendidos amigos, cargados con lástima y filosofía barata. Pero poco a poco, a fuerza de persistencia, van minando la entereza de un hombre devastado y disminuido por el dolor.
Es tal la embestida, que Job, sin renunciar ni un segundo a su fe. Empieza a cometer el peor error que una persona puede cometer para consigo misma:
La condescendencia.
Entonces, el mismísimo jefe, viendo que le están echando montón a su siervo. Que sin embargo sigue haciendo lo que le corresponde, decide intervenir. Lanza la que tal vez sea la pregunta más dura, hecha a un humano: “¿Dónde estabas tú, cuando hice los cielos y la tierra?”.
HUMILDAD.
El más grande de nosotros, tendría que quedarse callado ante ese cuestionamiento.
Y justo ese es el punto, humildad para hacer lo que nos toca. El plan es mayor, más grande, de superior trascendencia a nosotros y nuestra insignificante vanidad. Pero al mismo tiempo, conformado de las pequeñas aportaciones que cada uno de nosotros hace, durante el tiempo que nos es concedido.
De esas acciones y ese tiempo otorgado, los únicos responsables somos nosotros.
Libre albedrío.
Así que hay que aprovecharlo, en beneficio de ese plan superior.
Ese es el secreto.
Shayd Santillán.
