ENTRE NERVIOS Y AULAS DE COLORES, ARRANCA EL CICLO ESCOLAR 2026-2027 EN EL EDOMÉX
¿ESCUELA GRATIS O ESCUELA SIN RECURSOS? EL ETERNO PLEITO POR LAS CUOTAS, LOS ÚTILES Y LA RESPONSABILIDAD DE TODOS
Por: Janette López
Está por comenzar un nuevo ciclo escolar y, como cada año, regresan los uniformes, los cuadernos, las mochilas, los nervios del primer día… y también una discusión que parece no tener fin, las famosas “cuotas escolares”.
En los últimos días, durante los procesos de inscripción, no han faltado las quejas de madres y padres de familia que cuestionan las aportaciones voluntarias, las listas de útiles y prácticamente cualquier gasto relacionado con la escuela.
Porque entre el discurso oficial de que “la educación es gratuita”, la realidad cotidiana de las escuelas y las necesidades de quienes están dentro de ellas existe una enorme diferencia.
Efectivamente la educación pública que imparte el Estado es gratuita, el artículo 3º constitucional establece ese principio y claro que ninguna aportación puede utilizarse para condicionar la inscripción, el acceso a la escuela, los exámenes o la entrega de documentos.
Así que sí, ningún niño debe quedarse fuera de una escuela pública porque su familia no pueda o no quiera aportar dinero.
Pero una cosa es la gratuidad del servicio educativo y otra, muy distinta, es pensar que mantener una escuela no cuesta dinero.
Pintura, reparación de sanitarios, mantenimiento de instalaciones, material para reparaciones, limpieza, mejoras en espacios comunes, mobiliario, infraestructura…todo cuesta.
Y aunque existen programas gubernamentales destinados a mejorar las condiciones de los planteles, como «La Escuela es Nuestra», que para 2026, el Gobierno Federal anunció una inversión de 26 mil millones para atender a decenas de miles de planteles, esto no significa que llegue a TODAS. Y mientras llega, o no llega, las escuelas tienen que seguir funcionando.
Aquí la importancia de las Asociaciones de Padres de Familia y de las aportaciones voluntarias que no son un pago por la educación. No compran calificaciones. No compran inscripción. No son para pagarle el sueldo al maestro ni para beneficio personal del director. Cuando son correctamente administradas, pueden convertirse en una herramienta para mejorar las condiciones del lugar donde estudian sus hijos.
Si una comunidad escolar decide hacer una aportación, tiene todo el derecho de saber cuánto dinero se reunió, cuánto se gastó, en qué se gastó y qué quedó pendiente. Porque también hay que decirlo, existen sociedades de padres de familia extraordinarias, comprometidas, transparentes y trabajadoras. Pero también existen aquellas que terminan convertidas en verdaderos agujeros negros financieros.
Y si las aportaciones son administradas por los padres de familia ¿por qué exigen cuentas a la dirección escolar?
Si queremos transparencia de las asociaciones de padres, debemos exigirla. Y si queremos que una escuela mejore, también debemos participar.
Porque una comunidad que solamente reclama, pero nunca se involucra, termina siendo parte del problema.
La escuela no es del director.
No es de los maestros.
No es de los padres.
Es de la comunidad escolar.
Y, sobre todo, es el espacio donde nuestros hijos pasan buena parte de su vida.
Otro clásico del regreso a clases son las quejas sobre la lista de útiles, si bien hay familias que atraviesan dificultades económicas, también existen familias en las que sus prioridades no son las educativas. De forma contradictoria algunas familias argumentan que no hay dinero para determinado material, pero encuentren recursos para gastos que no son indispensables, como uñas, pestañas, refresco, cerveza, etc. Y no se trata de juzgar en qué se gasta el dinero de cada hogar. Cada familia sabe sus prioridades.
Pero sí deberíamos preguntarnos, como sociedad, si estamos colocando en el lugar correcto aquello que realmente importa.
Mientras algunos padres se quejan de que “los maestros piden demasiado”, hay docentes que, antes de que llegue el primer alumno, ya compraron material, adornos, detalles de bienvenida, recursos didácticos y hasta cosas para hacer más agradable el salón. No porque alguien se los haya ordenado. Muchas veces, simplemente porque quieren recibir a sus alumnos de una manera distinta. Porque saben que el primer día también educa.
Quizá el problema de fondo es que hemos convertido a la escuela en un campo de batalla. Padres contra maestros. Maestros contra padres. Directivos contra asociaciones. Gobierno contra escuelas. Todos reclamando. Todos señalando. Todos buscando culpables.
Mientras tanto, en medio de esa discusión están los niños. Y ellos no necesitan que los adultos se peleen. Necesitan que nos pongamos de acuerdo, necesitan maestros comprometidos, familias presentes, autoridades que cumplan con su responsabilidad, escuelas dignas, recursos suficientes y comunidades capaces de organizarse y exigir resultados.
No deberíamos convertir la palabra “gratuito” en la excusa perfecta para desentendernos de todo lo que ocurre dentro de una escuela. Participar no siempre significa aportar dinero. También implica asistir a reuniones, organizarse, vigilar, exigir cuentas, cuidar las instalaciones, apoyar a los docentes, acompañar a los hijos, cumplir acuerdos. Y, sobre todo, entender que educar no es responsabilidad exclusiva de la escuela.
Este lunes 31 de agosto comienza oficialmente el ciclo escolar 2026-2027 para educación básica. Serán 185 días de clases, según el calendario publicado por la SEP. Comienza un nuevo ciclo y quizá sería bueno comenzar también con una NUEVA ACTITUD.
Porque al final, ninguna cuota, ningún material, ningún programa gubernamental y ningún esfuerzo docente tiene sentido si perdemos de vista para quién hacemos todo esto.
Para las niñas y los niños.
Así que quizá la pregunta debería ser: “¿Qué estamos haciendo cada uno de nosotros para que nuestros hijos tengan la escuela que merecen?”
Una escuela digna no se construye únicamente con presupuesto, también se construye con comunidad, responsabilidad, transparencia, compromiso y voluntad.