CENTRÉMONOS EN LAS Y LOS ESTUDIANTES

 CENTRÉMONOS EN LAS Y LOS ESTUDIANTES

Existen dos tipos de aprendizaje: memorístico y vivencial. El primero puede definirse como sin vida, y muy constantemente  conseguido mediante obligatoriedad- Razón por la cual, una vez terminadas las circunstancias que lo hacen obligatorio, cae en el olvido. Se trata de una clase de conocimiento que no tiene significación alguna a nivel personal.

Sin embargo cuando el proceso reviste significación para la persona, es decir, lo considera como valioso, entonces  hablamos de aprendizaje vivencial. Que por definición viene acompañado de compromiso del individuo, y pone en marcha el afecto y cognición. Las ventajas de esta clase de aprendizaje con respecto al otro son totales, pues no obedece a currículo alguno, sino a la selección individual. Por tanto, es autoiniciado y no obligado, por corresponder con una necesidad, o gusto, y no una imposición.

Las tareas se escogen y no se dan. Todo esto produce “aprendizaje penetrante”, en consonancia con la vida de la persona y no con una realidad ajena. Es decir, preocupada por el significado y no los significantes. El maestro no instruye, y las calificaciones, pierden toda razón de ser. Es la antítesis del currículo predeterminado,  uniformidad de tareas, exposición del maestro, homogeneización.

Por lo anterior, el aprendizaje significativo tiene repercusiones en la vida de quien lo construye, modificando sus valores, conducta y apreciación de la vida. Su vida toda sufre modificaciones, La persona misma, es otra. En este sentido, la comparación entre los resultados de la buena terapia y buena educación nos arroja una gran similitud: Personas sanas.

En los esquemas tradicionales, el conductor determinaba su propio lugar en la relación, y también le daba el sitio a la persona, que lo desempeñaba de forma pasiva. La iniciativa y la actividad eran prerrogativas del conductor, situación que empobrecía el proceso.

Vivimos un mundo de cambio continuado, en el cual, enseñanza y conocimientos anteriores ya no tienen lugar.  Las respuestas que una vez fueron ciertas, ya no lo son más. Por lo que la acumulación de conocimientos, por simple hecho de ostentarlos, no tiene sentido.  Esto se ha convertido en todavía más  válido, en razón de la pandemia.

En este contexto, una persona educada está determinada por su capacidad para cambiar, adaptarse, prender a aprender. Saben de antemano que no hay conocimiento inmutable, todo es un proceso de búsqueda. Evolución, sí. Conocimiento estático, no. En este mundo, en que los problemas surgen más rápido que las respuestas; debemos acostumbrarnos al cambio más que a la estabilidad, y aceptar lo nuevo antes que repetir lo dado.

Esto no significa rechazar de suyo lo antiguo, solo por serlo. Sino ser flexibles, abiertos, comprometidos con los procesos de cambio, sin perder los valores esenciales y útiles.  Aunque siempre viviendo el momento presente, con los ojos puestos en el porvenir. Es decir, crear hojas de ruta para guiar nuestro actuar, pero construyéndolas cada día.

Facilitar el aprendizaje, exige suministrar condiciones para el cambio autodirigido, privilegiando la relación y el clima, antes que el cómo enseñar. No se trata de un problema de técnica, sino de actitud. Lo importante es centrarse en la búsqueda de recursos imaginativos, análisis de circunstancias, comprensión del todo, no de segmentos. El desarrollo de la creatividad e innovación, en un clima que puede favorecer el proceso de evolución personal y colectiva.  Contrario a la sofocación que se da en los sistemas tradicionales. Aquí radica la diferencia fundamental, se trata de vivir la facilitación del aprendizaje autodirigido y no de enseñanza. Así hablamos de personas individuales abiertas, creativas, conscientes de la totalidad de la experiencia y la realidad  en un proceso de continuo cambio.

Ahora bien, corresponde al docente, crear un clima de experiencias posibilitadas. Comunicar su confianza verdadera en los seres humanos, esclarecer objetivos del trabajo, dar confianza y motivar.  Suministrar recursos, ser él mismo, un recurso. No resistirse al rumbo imprevisto que tome la actividad, ser un miembro más del grupo y poner mucha atención en los sentimientos de quienes integran el grupo. Sin ignorar que se trata de una persona con aciertos y virtudes como todos. Lo cual lo lleva a aceptarse tal cual es, sin poses ni personajes ficticios que solo entorpecen el proceso de aprendizaje y de construcción personal de sí mismo.

Es por ello que para que este tipo de acciones lleguen a puerto, se debe tener congruencia y autenticidad, vivir y comunicar las experiencias. Ir al encuentro directo de la persona como tal, en términos de igualdad. Las y los docentes deben aceptar y aceptarse, sin negaciones. Quizá por la misma naturaleza humana y del proceso de construcción, no se pueden tener todas estas virtudes que nos parecen más bien distantes, pero tenerlas todas no es necesario.  Aunque las que sí se tengan deben ser auténticas, renunciar a roles impuestos y artificiales. El docente debe ser él, no la encarnación del currículo, ni el conducto estéril del conocimiento.

Al final, todo se resume en compromiso y convicción, no imita. Crear un estilo propio de ser, sin exigir ni exigirnos, lo que de momento no somos capaces de dar. La consideración, aprecio, aceptación, confianza, que le debemos al estudiante. es la norma. El respeto a sus opiniones y sentimientos, a su persona.  Saberlo digno y proclive de miedos y errores, pero conocedor de lo que a él, le conviene.  Capaz de motivarse sin tutelajes.

Solo se puede lograr seguir este sendero, si tenemos plena confianza en el ser humano y sus potencialidades. Si somos empáticos y ante todo, si somos capaces de permitir a los estudiantes escoger su propio camino, sin imposiciones ni juicios de ninguna índole.

Podemos concluir que las técnicas deben ceder su paso a las actitudes, y que el grupo de trabajo, como ente en sí; debe ser capaz de autorregularse. Construyéndose y construyendo a sus integrantes. Al final, la experiencia del aprendizaje grupal nos desarrolla de manera intensiva, mejorando lo más importante, la relación personal de, y entre seres humanos. La experiencia interpersonal, que es la que genera cambios en el entorno y  estructuras. Concediendo que todos somos responsables ante el grupo y  nuestros pares, pero no de ellos.

Sí de uno mismo.

Shayd Santillán.

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