YO NO FUI

 YO NO FUI

Poseía talento magistral, excepcional para eludir los propios errores y responsabilidades, asignándoselos a otros. Si la documentación no se entregaba en tiempo y forma…, porque no la había solicitado, era culpa de quien “tenía la obligación de preguntar si había un trámite pendiente, en caso afirmativo, consultar documentación requerida”. Y si se le entregaba a tiempo, resultaba que esta de cualquier forma no llegaba a donde debía, por su propio descuido, que también era al parecer culpa de otros. Si existía organización previa a un evento y no era la suya, de inmediato le modificaba por una “mejor”, obviamente se intuye la fuente. Y cuando todo salía mal a consecuencia de premura e improvisación, culpaba al colectivo por no interpretar y ejecutar de forma correcta sus imprecisiones. Al preguntársele algo, por lo general respondía con prisa, bajo pretexto permanente de tener mucho por hacer y poco tiempo. Ignorando que la falta de tiempo es excusa de los bajunos, además contestaba de forma inexacta, no pocas veces grosera, o de plano no respondía. Y si con afán de resolver, algún miembro del equipo recurría a otra instancia, montaba en cólera acusando de todo, falta de respeto, indisciplina, desobediencia, traición por “habérsele brincado”, cualquier cosa que ello significara. Afirmando que sólo alguien y alguien nada más tenía el monopolio de la prerrogativa. Exigía orden y lealtad, pero como sinónimos de sumisión y sometimiento, precursoras de inmovilidad y estancamiento para quienes cometían el error de hacerle caso; mismos que al volverse indiscutibles, de nuevo eran culpa de otros. Con el tiempo la conclusión resultaba cada vez más indudable: a su alrededor pululaba un grupúsculo de colaboradores ineficientes, olvidadizos, indisciplinados e ineficaces, o eso es lo que se esforzaba en hacer creer a quien tuviera la paciencia de escucharle. Porque cada uno en lo individual destacaba en su esfera de acción personal, excepción hecha de quien “coordinaba”. Al final llegó a ser por todos conocido que al desear abarcarlo todo, queriendo ser labriego, mayordomo y caporal, careciendo de método, sistematicidad y hasta del mínimo sentido común, por no hablar de sus otras aficiones, terminó por convertirse en el perfecto ejemplo que lo que jamás debe hacerse.

Shayd Santillán.

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