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TERRITORIO Y NO ESCRITORIO
Liderar es conectar, eso no se logra desde una oficina, muy en especial cuando de sistemas democráticos se trata, porque en las monarquías el que se va deja al siguientey punto. Si gusta o no, da lo mismo porque la palabra del jefazo es ley, muy a la usanza del: “l’ etat c’est moi”, o lo que es lo mismo: “aquí nomás mis chicharrones truenan”. Pero cuando se sale a buscar el voto hay que estrechar manos, mirar a los ojos, argumentar, explicar el plan, proyecto y sobre todo mostrar que se es honesto, claro, real. Necesario debatir, rebatir, conversar, convencer, aceptar las críticas, utilizarlas como insumo de crecimiento y no tomarlas como agresiones personales. La monarquía no sabe, quiere, ni tiene interés en hacerlo porque su visión de las personas es de súbditos, mientras la democracia les mira como ciudadanos, sujetos históricos, políticos, entes pensantes con criterio individual, seres humanos.
Entonces quien guía o aspira guiar, obligado se encuentra a salir de sus zona de confort, probarse a sí mismo y someterse a la prueba del ácido que es el contacto directo con quienes van a dar o no su confianza, lejos de los entornos artificiales controlados, donde todo está diseñado para que salga bien…, a costa de la verdad. Caminar calles, tocar puertas, acercarse con humildad y asertividad; pues nada más los soberbios y vacíos desean que se les busque, el verdadero líder sale al encuentro de los suyos, acude al encuentro de manera activa, propositiva y sin el acostumbrado séquito de quienes tienen miedo de ser confrontados sin herramientas…, remedos de corte integradas por aspirantes cuya principal misión y conveniencia es mantenerle ciego, sordo y muy de preferencia mudo ante las exigencias ciertas, urgentes y en muchos casos desesperadas de quienes pretende liderar. Estos perjudiciales cortesanos devienen traductores, pseudo intérpretes con ambición por volverse indispensables a costa del aislamiento de quien encabeza. Maliciosos oportunistas cuyo deseo insano de ser y estar les obliga a tolerar todo.
El líder de a devis no requiere de ellos.
No hay alternativa al contacto humano, quienes deseamos construir nuestro liderazgo personal, tenemos que empezar ahí, jamás abandonar a las personas ni dejar de escucharles. Nunca es posible dejar de sostenerles la mirada con sinceridad, empatía y mucho respeto…, algo que quienes no van a territorio son incapaces de hacer. El líder real se encuentra a ras de suelo, no oculto entre adláteres o escondido en una oficina donde todos le dicen, “sí, señor”. Un verdadero líder comprende el sencillo pero profundo entendimiento de que e bienestar incluyente de las personas es nuestra razón de ser, nuestro propósito último es servirles.
Shayd Santillán.
