¿POR QUÉ SOY SINDICALISTA?

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UN TEXTO SOBRE EL SMSEM

Nací en el magisterio estatal, mi vida ha girado desde que tengo memoria en torno al pase de lista, calificaciones en gigantescas hojas verdes de papel cebolla llenadas a mano, con pluma de punto fino. Planes de estudio, planeaciones hoy planificaciones y por supuesto, el SMSEM.

Mi madre y padre son maestros, no saben ser otra cosa. No saben ni quieren. Mi mamá ingresó a la Normal de Tlalnepantla, donde conoció a mi papá. En una época en que las opciones de desarrollo escolar para la mujer, aunque empezaban a ser más amplias, eran todavía pocas.

Ella, descubrió su vocación de manera tardía, en eso nos parecemos. Pero el magisterio estatal le dio la oportunidad de vivir una pasión de toda la vida. La academia disciplinada, el estudio permanente y sosegado, que hay que decirlo cómo es, fue a ella a quien se lo heredé. Sobre todo lo que toca a leer y escribir.

Mi papá, por otra parte llegó desde el inicio al lugar correcto. Siempre sintió la necesidad de servir a otros, aunque no sabía bien cómo. La carrera docente le dio una primera respuesta: La niñez mexiquense, razón de ser de esta familia de profesores hasta el día de hoy. La segunda se la mostró el SMSEM: Servir a sus hermanas y hermanos de clase.

A estos dos maestros de primaria, les debo vida, vocación y convicciones. En ISSEMyM nacieron mis dos hermanos, el parto del menor fue tan complicado que casi me quedo sin hermano y sin mamá. Los doctores se la rifaron. También nací ahí, donde fui años después sometido a unas cuantas operaciones, igual que mi papá.

Que costaron nada, cuando en otros hospitales hubieran sido impagables.

Servicio con el que contamos los maestros. Por cierto, frente al COVID las y los doctores mexiquenses, están dejando la piel, cuidándonos.

#Gratitud.

Gracias al magisterio y sus medios modestos, aunque suficientes de subsistencia, tuve casa, alimento y mira que soy de buen diente, vestido, educación. Aprendí que los problemas tienen casi siempre una única solución: Trabajo. A mayor el problema es, más hay que trabajar.

De niño, jugaba en las jardineras de la Casa Sindical de López Rayón. Que entonces era un edificio más pequeño, a donde papá iba a hacer gestiones. Bueno, él y todos, porque no había casas sindicales regionales, ni centros vacacionales para maestros, ni Centro de Especialidades Odontológicas, ni muchas colaterales que hoy sí tenemos.

Todo, logro del SMSEM.

Es probable que los maestros recién llegados, vean estos beneficios como naturales y tendrán razón. Son naturales a la gestión de nuestro sindicato. Pero insisto, yo nací aquí. Las he visto suceder incluso sin ser maestro. Para los curiosos, hay una forma de constatar los beneficios que a lo largo de décadas hemos acumulado los maestros estatales a consecuencia del trabajo del SMSEM. Investiguen cuantos trabajos existen en los que se cuente con:

Plaza base REAL.

Pago de días económicos.

Derecho a días económicos.

Los días de aguinaldo que disfruta el magisterio estatal.

Créditos a la vivienda.

Dos periodos vacacionales y uno de receso, pagados.

Apoyo económico para estudios superiores.

Pago por estudios superiores.

Apoyo para elaboración de tesis.

Días pagados para presentar examen profesional.

Días por contracción de nupcias.

Licencia por maternidad.

Cuidados maternos.

Licencia por fallecimiento de familiar directo.

Apoyo para familiares en caso de fallecimiento en servicio.

Apoyo para compra de prótesis.

Año sabático.

Licencia por enfermedad terminal.

Becas en el extranjero para estudios superiores.

Y neta, un largo etcétera.

Basta investigar y comparar, todos han sido logros del Sindicato de Maestros al Servicio del Estado de México. Esa es la diferencia de contar o no, con un sindicato. Su existencia o inexistencia se ve reflejada de forma directa en la tranquilidad que da la certeza laboral y en el bolsillo de las y los maestros.

Cuando escucho a algunas de mis hermanas y hermanos de clase denostar, violentar al SMSEM. Buscar deliberadamente dividirlo, debilitarlo para promover sus egoístas agendas personales. Sembrando proyectos ajenos al interés general del magisterio estatal, y todavía encontrar eco, respaldo en algunas de mis hermanas y hermanos, bienintencionados, aunque poco informados. Que además son beneficiarios directos, como todos lo somos, de los logros de nuestro instituto. No puedo sino recordar a Doña Sor Juana:

“¿O qué humor puede ser más raro, que el que falto de consejo, él mismo empaña el espejo y siente que no esté claro?”

Irónico, injusto, peligroso ese actuar. Porque el debilitamiento de nuestro sindicato es el empequeñecimiento de todos. Por eso soy sindicalista, porque el SMSEM es nuestra única herramienta de defensa de los derechos para las y los maestros estatales. Fruto de una lucha de generaciones de maestros que ya no están con nosotros, pero trabajaron para que nosotros resguardemos esas conquistas, las acrecentemos y heredemos a quienes nos sucedan en el sendero de la enseñanza al pueblo mexiquense.

Tengamos conciencia histórica y de clase.

No significa que sea ingenuo y no vea que nuestro sindicato tiene por mejorar muchas cosas. Pero cuando las herramientas sufren un desperfecto, se afilan, se ajustan, se componen. NO SE TIRAN.

Sin duda hay procesos que URGEN reorganización, renovación, o de plano ser reinventados, en la vida interna del SMSEM. La pandemia ha sido un desafío absoluto para todas las instituciones del mundo. Nuestro sindicato no es la excepción.

A cada generación le llega el momento de probar su valor y valía. Es el tiempo de mostrar lo que somos, la hora de renovar nuestro compromiso como clase social magisterial, incluso como clase política magisterial. El COVID puso de manifiesto cada una de las debilidades estructurales en el planeta. Es la oportunidad para las y los maestros, líderes maestros, maestros estatales.

En este contexto extremo e inédito, inédita debe ser nuestra forma de pensar y actuar. Viejos paradigmas han mostrado su obsolescencia, han sido superados por el enorme peso de los acontecimientos. Conceptos como “parte sindical” y “parte oficial”, además de artificiales, son falaces. En este viaje vital y de vocación, todos somos maestros, todos somos igualmente vulnerables en cuanto a salud y vida frente a este contendiente invisible. Del mismo modo, iguales somos todos en infinito potencial creador y de liderazgo social, moral, académico, político.

Unidad.

Hagamos del SMSEM el foro, no nada más de defensa de nuestros derechos, sino de la construcción de una nueva realidad magisterial, para el desarrollo integral y compartido de todos. Porque esa es la principal lección de este momento histórico, el mundo que ya está aquí no puede permitirse el lujo de la división, el encono, la confrontación entre hermanos.

Las grillitas imbéciles e insignificantes, el ruido, el griterío no pueden ser más. Tampoco el chisme, el rumor en voz baja de hermanos contra hermanos.

Todos en equidad, todos importantes, todos necesarios y trascendentes. Caminando en una sola marcha, en beneficio de la consolidación de las y los maestros en tanto agentes de cambio.

Diversidad en el pensamiento, unidad al actuar. El SMSEM convertido en el vibrante espacio de dialogo apasionado, pero respetuoso. Firme, pero tolerante. Que cada voz sea escuchada con base en sus argumentos, no por cuán alto pueda levantar el tono. En donde se hable para construir en conjunto, no para ostentar el difuso monopolio de la razón.

Porque no existe victoria cuando esta sucede a costa de nuestros interlocutores, de nuestros iguales y hermanos. La desunión va en contra de la mayoría, en favor de unos cuantos.

Y francamente ya no estamos para eso.

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