MÉXICO SE METE EN LA PELEA POR LA CORONA MUNDIAL DE LOS CLAVADOS
NO SOLO CREO EN LAS SEGUNDAS OPORTUNIDADES
Durante demasiado tiempo estuve seguro de cuanto anhelaba, a lo largo de años tomé decisiones trascendentales cuyos efectos me acompañarían de por vida. Lo hice sin pestañear, en la convicción de estar dispuesto a todo abandono, con la invariable finalidad de alcanzar lo considerado inestimable.
Luego, sin poder decir por cruda honestidad, no valiera la pena; porque bien que me gustó. Fui comprendiendo de a poco lo más importante de este tránsito vital. Casi siempre de una simpleza devastadora: amaneceres, atardeceres, anocheceres en compañía. Taza de té, café, copa de vino, ajeno a pretenciosos detalles de aspirante a burgués, aunque se le diga connoisseur. Sendero motociclista a todas horas y destinos, caminatas de la mano, mirar, sonreír, hablar, guardar silencio cómplice, pelear; pero juntos.
Llegar al hogar con Frida, Gala y Mila, leer, escribir; pues ante la danza del bolígrafo se matan fantasmas y gana paz… paz, palabra cuyo significado y estimación antes elusivos, adquieren nueva dimensión no sujeta a negociación.
Por eso cuando se mira a quienes, obsesionados con ser-estar, deseando preeminencia, poder y prerrogativa para imponer su agenda, voluntad y capricho. Ignorando que el verdadero poder es interno. Además, recurriendo a trucos de prestidigitadores de baja estofa para obtenerlos, renunciando a todo, sacrificando lo valioso en afán de lo efímero. Arribando a casas vacías, solitarias, convirtiéndose en extraños hasta para sus propios familiares, que siguieron sus vidas, dejándolos a tras o de lado. Encallando o iniciando relaciones fallidas, deficitarias y todavía convencerse de estar haciendo lo correcto. Aspirando a controlar todo y a todos, afirmando con total fanatismo personal, que ellos mandan, ordenan y los demás obedecen. Al mirarlos cuidar kopecs y descuidar rublos, derrochar tiempo, vida, energía y nombre; sin darse cuenta lo evidente de sus contradicciones internas, para aquellos observándoles a la distancia… no puedo sin sonreír y agradecer esas segundas, tercera y más oportunidades de la vida.
A través de ellas me volví cuanto soy: dueño de mí mismo.
Shayd Santillán.
