MI MUNDO PERSONAL. (UN TEXTO SOBRE LOCURA INGENUA Y PERSISTENTE)

 MI MUNDO PERSONAL. (UN TEXTO SOBRE LOCURA INGENUA Y PERSISTENTE)

Toda la vida tuve conflictos con lo establecido. Formas, pensamientos, conductas, estructuras. Y toda la vida he pagado los costos de ser un forastero perpetuo en cada lugar y sitio en que estoy. Muchas, demasiadas veces, ajeno e incomprensible incluso para mí mismo.

Mis ex de todo, son testigos mejores de esto. Amigos que dejaron de serlo cuando hubo bifurcación irremediable de caminos. Amores que con todo derecho establecieron condiciones que no estuve en posibilidad, voluntad o disposición de cumplir. Colegas que me dijeron a veces con las mejores intenciones: “No hagas, digas, pienses esto. Te puedes meter en problemas”. Sin saber explicarme lo que eran esos problemas.

Aunque luego lo descubrí.

Con un par de excepciones a quienes agradezco y quiero, la mayoría de mis maestros me consideraron siempre un rebelde compulsivo, crónico, degenerativo e incurable. Por tener la fea, perniciosa e incómoda costumbre de cuestionar todo, y no saber guardar silencio. De las estructuras establecidas, ni qué decir. Bien pronto quedó clara la respuesta predeterminada para toda petición:

No.

Y eso, cuando existe respuesta. Pues por lo general, el silencio es contestación única.

Mención aparte para algunos de quienes me tuvieron cómo subordinado jerárquico. La cosa es simple. Vaya, nunca hubo chance ni pa´pasar a recitar las efemérides, en la ceremonia cívica de los lunes. Estas relaciones laborales verticales, transitaron de la indiferencia condescendiente al absoluto antagonismo, cuyo origen jamás pude comprender. Hasta de forma muy reciente.

Por décadas me pregunte el porqué, de ese afán por contraponerse a un individuo cuyo único deseo era decir lo que pensaba. Aquellos que son como yo, sabrán que esa es la exacta razón para la sistemática, disciplinada, vigorosa y en muchas ocasiones aplastante labor silenciadora. Justo decir lo que se piensa.

La estrategia es invariable, inicia con tolerancia fingida. De ahí, sigue invitación amable. Luego, amenaza velada. Después, amenaza abierta. Culmina en acciones concretas. Aquí se abren distintas opciones, desde el bloqueo suave, a campañas permanentes de antagonismo y promoción personal negativa. Aunque en el manual existen muchas más. Aclaro, no fui, ni soy víctima. Mucho menos inocente. Este proceso de construirme, a veces de manera dolorosa, causó al mismo tiempo dolor en los acompañantes de cada momento.

Tanto le echaron ganas algunos al asunto, que terminó sucediendo una cosa chistosa. Lo exacto opuesto a lo que esperaban. De pronto muchos iguales empezaron a reconocer si no coincidencias, al menos ese valor intrínseco requerido para ponerse de pie y decir, “no estoy de acuerdo por…”.

Es decir, cuestionar de manera argumentada.

Y luego, lo mejor de todo. Cómo no tenía cabida en su mundo, inicié la construcción del mío. Con un razonamiento que prometo no olvidar hasta que me muera: “EL MIEDO, NO ES OPCIÓN”. Y esta diferencia fundamental: Aquí, son bienvenidos todos. Escuchados todos. Respetados todos. Valorados todos, en sus diferencias. Cada idea, proyecto, iniciativa, pensamiento y causa, son posibles, deseables. Tan sólo separados por su lógica razonable y la convicción de quien le sustenta.

Muy poco tiempo después, me di cuenta que en realidad no había construido un mundo propio y personal. Aunque sin duda existe en mi cabeza, esta especie de País de las Maravillas, donde todo es posible. Antes bien, entré a un entorno compartido por otros forasteros como yo. Más preocupados por hacer, lograr, vencer, alcanzar. Eso sí, sin pasar nunca por encima de los demás. Que por mantener este insostenible sistema piramidal excluyente, el cual nos tiene al borde del desastre.

Semejante mundo compartido, consensual, ya es real. En él, toda expresión resulta importante e insustituible. De hecho, hay dos mundos. El que era, y el que será. Este anterior, aunque herido de muerte, es fuerte todavía. No se irá sin pelear. En eso radica la razón de su obsolescencia:

Pelear.

El mundo nuevo está constituido por individuos conscientes de una verdad tan antigua como universal. Cada uno debe enfocarse en su entorno personal, ampliarlo hasta que se encuentre con otros similares, en una sumatoria creciente e infinita. Sin ocuparse apenas de los que no lo vean, no lo crean, no lo entiendan, o no les importe.

Estas personas creadoras de mundos, caminan de frente, mirando muy por lo alto, pero con los pies sobre la tierra. Sin detenerse ni ofrecer disculpas o explicaciones por ser lo que son, o hacer lo que hacen. Ya pagaron el precio de su autenticidad en el mundo anterior. Ya sufrieron represalias del viejo esquema. Y sobrevivieron más fuertes, más resistentes. Libres de resentimientos, suspicacias, revanchismo y sobre todo, miedo.

Emergieron siendo la mejor versión de sí mismos.

Dije, caminan.

Mejor dicho, caminamos.

A punto de terminar estas líneas de madrugada sabatina. Vienen a mi mente las palabras de un joven con gafas, cuya razón de vida fue la consecución de una felicidad inconforme personal, pero al mismo tiempo compartida. “You may say I´m a dreamer. But I’m not the only one…”.

Shayd Santillán.

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