MAESTRAS, MAESTROS, PARTICIPEMOS EN POLÍTICA

 MAESTRAS, MAESTROS, PARTICIPEMOS EN POLÍTICA
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Las y los maestros somos individuos muy peculiares, no deseamos lo que la mayoría. ¿Dinero? Si así fuera estaríamos dedicados a otra actividad. Aunque sin duda anhelamos vivir con decoro, modestia pero suficiencia, gracias a nuestra pasión y actividad.

¿Fama, reconocimiento? En realidad somos los más discretos de entre los servidores públicos, excepción hecha de nuestros hermanos bomberos. Nuestro mundo casi siempre transcurre entre cuatro paredes y un pizarrón. Libros, cuadernos y ahora aulas virtuales. Vivimos para enseñar.

A las y los maestros nos alimenta otra cosa, como encontrarnos en la calle a nuestras ex alumnas y alumnos convertidos en abogadas, ingenieros, colegas profesores. Sentir su mirada detenida en nosotros. Entrecerrar los ojos, para luego abrirlos con una gran sonrisa…

¡Maestr@!

¿Cómo está?

Nadie que no haya dado clase, sabe lo que se siente. Esas experiencias llenan la vida. Lo sé, me ha pasado. Lo cual quiere decir que tengo más tiempo enseñando del que me gustaría aceptar.

Uno siente que ha sido útil, que todo el trabajo ha valido la pena.

Y así hubiéramos seguido, en el salón. Pero la pandemia decidió otra cosa. Nos sacó del aula y nos metió en las redes. Otra cosa, el virus separó “el trigo de la paja”, en cada área de acción humana.

Los buenos se notaron, también los opuestos. Veamos a Jacinda Ardern, primer ministro de Nueva Zelanda. País en el que se han registrado veintidós decesos a consecuencia del COVID19.

Sí, veintidós.

Por desgracia veintidós.

Los impostores también quedaron expuestos, los números les ponen en evidencia. Números que representan vidas de personas. ¿Para qué decir nombres? Sabemos bien quiénes son.

Es momento de liderazgos nuevos y para los profesores, de conquistar otros espacios. Juntos hemos construido en tiempo real, la mayor revolución educativa de la historia, tal vez toca llevar a cabo la mayor revolución en todo sentido de la historia. Participar en política, adherirnos a proyectos, apoyar proyectos, encabezar proyectos. Anticipo que lo haríamos bien, porque no somos políticos.

Un político tradicional pretende empezar en su localidad, luego compite por ser congresista. Después alcalde. Si su partido no lo apoya, amenaza: -bueno, entonces me voy con mi gente a otro lado-. Así, como suena. Primero amenazando y luego considerando a las personas como propiedad.

Lo suyo es la influencia, el poder, los privilegios.

Sacar ventaja de todo.

Las y los maestros anhelamos servir, y lo hacemos con la certeza de volver a las aulas tarde o temprano. Porque nuestra vocación no es temporal, como temporal no es nuestro sentido de la democracia. No lo somos a la carta, aceptando cuando ganamos y cuestionando cuando perdemos.

Somos demócratas y punto, servidores y ya. Esa es la diferencia, y créanme, es una gran diferencia.

¿Colores? Los que prefieran, ¿proyectos? Los que se ajusten a su forma de pensar. Habrá diferencias ideológicas entre nosotros, pero no personales. Porque antes que nada somos maestros, educadores, amigos, hermanas y hermanos de clase. Porque antes de cualquier cosa está el bienestar de aquellos a quienes servimos, las personas.

 Eso nunca se nos olvida, lo llevamos tatuado.

Así que, hay que atrevernos. Es momento de participar de frente, al frente. Encabezando una revolución de diálogo y entendimiento, respeto, cultura.

Ya hay muchas opciones groseras, ruidosas, violentas.

No son la nuestra, no son la opción de las y los maestros.

Shayd Santillán.

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