LOS LÍDERES POR SER (UNA INVITACIÓN A TODOS)

 LOS LÍDERES POR SER  (UNA INVITACIÓN A TODOS)

Enseñar es un acto político, no hay vuelta de hoja. Ser profesor, es de forma ineludible hacer política. El mismísimo hecho de ponerse al frente de un grupo de personas, muy en especial NNA. Dotarles de herramientas para la vida, colaborando en la formación y conformación de competencias, actitudes, valores y conductas. Es la más política de la acciones que se puedan desarrollar.

En el proceso, resulta inevitable filtrar nuestra propia ideología, pensamientos, actitudes, formas de ser, ver, pensar la vida. De actuar nuestra cotidianeidad, responder a las circunstancias que nos rodean, enfrentar obstáculos. Quienes formamos parte del acto educativo, comprendemos que un maestro SE DA, SE ENTREGA. Y todo cuánto es, lo ofrece a sus estudiantes.

Ellos a su vez, lo ven todo, observan todo, aprenden todo. Y no hablo de los contenidos, los alumnos asumen cuanto el profesor es. Toman aspectos de su ser, interiorizan diversos componentes de la personalidad de maestras y maestros. De forma que al llegar a la vida adulta, han tenido una centena de modelos, que contribuyeron a su formación académica, pero más importante, humana.

Por años, he recibido comentarios airados de quienes reciben mis grupos al año siguiente. Tus alumnos…

– Protestan por todo.

– No se callan.

– No se están quietos.

– Les gusta ganar.

– Piensan que todo es una competencia.

Y por años observo en silencio, sonrío, asiento, para luego encogerme de hombros. No hace falta decir más.

Si de cualquier forma vamos a heredarles lo que somos, ¿por qué no hacerlo de manera consciente, clara, responsable y decidida? Las y los maestros, en tanto líderes políticos naturales y añadiría irrenunciables; podemos tener un sello definido. Eso es libre, porque es nuestro. Pero convicciones, cualidades, muy concretas que si no poseemos, es mejor desarrollar ya.

Personificar la idea de que la educación es la manera mejor de humanizarnos. Ser nosotros mismos estudiantes permanentes y vitalicios, lectores ávidos, investigadores serios e incansables. Argumentar con pruebas y hechos, ser objetivos en lo académico. En lo personal y colectivo, dialogantes incluyentes, respetuosos, tolerantes, educados, corteses.

El punto resulta evidente, la educación es inocultable. A una persona educada, se le nota que lo está. Habla diferente, se comporta diferente, ama diferente, vive diferente. No es asunto de recursos monetarios, aunque algo hay de eso. Tema de otra reflexión que pronto abordaré. Sino una visión de mundo, vida y nuestro tránsito por ella. Las personas educadas se asumen portavoces de la humanidad, del potencial ilimitado de quienes por medio del acercamiento a la cultura, son motores del desarrollo de toda la especie.

Así, los líderes magisteriales estudian y enseñan como forma de vida. Respetan las opiniones de los demás, y con las desinformadas, les guían. Un maestro no levanta la voz, nunca habla mal de otros, no les critica. No crea ni cree rumores, no se lo permite por dignidad. Pues advierte que lo anterior es propio de anodinos y bajunos. No de profesores.

Es cuidadoso de las palabras que emplea, vislumbra el inmenso compromiso que ostenta quien educa. Que ostentamos quienes educamos. Concibe que pocas cosas degradan tanto a una persona, de la manera en que lo hace el lenguaje vulgar. Prefiere retirarse de una conversación, antes de responder utilizando sarcasmo, o ironía. Ambos, instrumentos de los minúsculos intrascendentes.

No agrede ni violenta a nadie, menos todavía a sus hermanas y hermanos de clase. Todo lo contrario, les invita de forma permanente a la unidad de esfuerzos, dentro de la pluralidad de pensamiento. Es moderado y discreto con algunos gustos, como el alcohol. Sabiendo que un placer sencillo puede volverse peligroso. Artilugio preferido de dirigentes equivocados, estrategia de asociación y control para voluntades débiles, manipulables.

Allá quienes exhiben las insuficiencias propias, cayendo en una trampa tan antigua como baja.

Nosotros, no.

Las y los profesores, nos asociamos con nuestras hermanas y hermanos, en condiciones de igualdad, desarrollo personal mutuo compartido. Pues ya hay muchos dedicados nada más a “llevar agua a su molino”. Cuya mejor, favorita, única y desgastada táctica es confrontar, dividir, violentar, vociferar. Los líderes magisteriales de hoy, saben que estamos cansados de esas personalidades irresolutas, y egos fraccionados.

El mundo nos necesita a todos juntos, como una sola raza. No divididos en clubes con reserva en el derecho de admisión. Seamos esa clase de profesores para nuestros estudiantes, llevemos con dignidad la responsabilidad de marchar de un mundo viejo, caduco; que ya dio todo de sí. A uno nuevo, más justo, incluyente, enriquecido en su diversidad.

Mientras hacemos eso, mientras ayudamos a formar a los líderes que vienen. Porque hay que decirlo como es, nosotros formamos a los líderes de hoy, y habremos de formar a los de mañana. Convirtámonos también en los líderes docentes que creemos merecer. Porque quienes dirigen no vienen de otro lugar, sino de nosotros mismos. De nuestras escuelas, nuestras Normales y Universidades.

De nuestras aulas.

Maestras, maestros, la invitación está hecha.

¿Quién dice, yo?

Shayd Santillán.

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