LÍDERES PEQUEÑITOS

 LÍDERES PEQUEÑITOS

Hace algunos meses, durante las actividades de convicción. Presencié una escena que no por repetida, deja de sorprender. Indignar, satisfacer curiosidad malsana y servir como radiografía puntual, descriptiva de aquellos juntos a quienes se está, en algún momento y lugar determinados.

El anfitrión de la actividad, pregunta a una de las acompañantes sobre la escuela donde labora. Casi de inmediata inquiere: “El director de esa escuela es…”. A lo que tras recibir respuesta afirmativa, pregunta:

¿Y cómo es?

Hasta ahí, todo bien. Una simple conversación casual. Lo que sigue, mal, de malas y peor, cotidiano. A cargo de alguien cuya responsabilidad nunca ha sido dirigir institución alguna. Labios apretados, sonrisa burlona haciendo juego con el típico: “pues, qué te digo”. No hacía falta decir más, cuesta trabajo imaginar tanto veneno inoculado en una frase y ademán tan breve. Aunado a la descripción de cuerpo entero de la respondiente, por cuenta de ella misma. Aunque dudo sea consciente de haberlo hecho.

Los siguientes minutos transcurrieron en escuchar la sucesión de errores, insuficiencias, fallas de juicio, conducta, administración y sentido común del recién nombrado director. Concluyó el tema, determinando cuanto habría podido realizar de forma diferente y por supuesto, mejor. De ser ella misma directora de la escuela. Insisto, opinando sobre el desempeño de alguien en un puesto que la vigorosa crítica no ejerce, ni ha ejercido.

Por cierto, no era la primera vez en atestiguar este comportamiento. Ya en varias ocasiones previas, le había visto ese juego conocido, bajo, aunque extendido a nivel de cancha. Hay que admitir, lo juega bien: la grilla.

Ocurre un incidente, se requiere alguna toma de decisión. De inmediato informa, lo cual en sí mismo es muestra casi por antonomasia de pensamiento burocrático, personalidad nula y temerosa. Porque se comunica con la finalidad de transmitir la propia responsabilidad, amparándose en la estructura. Renunciando con esta simpleza mental, a la oportunidad de foguearse en resolución de asuntos.

Porque los ganadores en formación, empiezan con algo que brilla por su obviedad, informan soluciones. “ocurrió este incidente y lo resolví de la siguiente forma”.

¡Qué diferencia!

Muy pocos entienden la enorme diferencia entre el peso específico de estos individuos, y prácticamente todos los demás.

En fin, lo informa. Solicita instrucciones y aquí ocurre todo. Pues luego de recibirlas, a propósito tarda en operarlas. En ese tortuguismo típico de los inmóviles y mezquinos. Al mismo tiempo, en voz baja empieza a comunicar a quien quiera escuchar, por lo general personas de su mismo talante. Su visión limitada y limitante de los hechos, la problemática que ven y de nuevo, cuanto ella habría podido hacer si tuviera la oportunidad. Jamás dice que no quiere, puede o sabe aprovechar todas las que se le presentan a lo largo de cada día.

Para este fin extraño sirven las grietas en la comunicación, entre miembros de un equipo. Que si es un equipo de verdad, no tiene grietas.

Esta particular forma de actuar tiene por objetivo exponer, exhibir, denunciar. A pares, superiores y subalternos por igual. Al tiempo que el grillito se salvaguarda. “Yo no inicié el problema, fue él. Y yo no di la solución equivocada, fueron ellos”. Nunca ha dejado de sorprenderme lo mucho que funciona este proceder, hasta que por las razones que sean, estos murmuradores ascienden en el escalafón. Solo para comprobar sus propias insuficiencias.

El punto radica en que estos individuos resultan incapaces de trascender la personalidad que han conformado a lo largo de toda su vida. En sus nuevos encargos y responsabilidades, se mantienen iguales a sus ellos mismos pretéritos. Lo cual es grave, porque esos nuevos líderes no terminan de abandonar antiguas formas y hábitos nocivos. Que funcionaban en cancha, pero no en palco. Convirtiendo a posibles líderes, en lidercitos.

Jefecitos ocupando lugares para los que resultan demasiado pequeños. Tampoco es que el mundo se termine, en cambio es preciso decir; luego del inevitable fracaso de estos. Llegan aquellos que sí logran superar sus viejas formas, para sostenerse ahí por años. Mientras los demás regresan justo a donde pertenecen, foros de su merecida dimensión.

Shayd Santillán.

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