ENGORDAR EL CALDO

 ENGORDAR EL CALDO

La recién llegada es “muy inquieta”. Llega temprano, a las 8:00 am en punto, está cada  día anotando fecha e iniciando clase.  Planeación puntual, en orden. Pronto empieza a destacar, generar proyectos individuales con potencial para más. De forma invariable son obstaculizados de la mejor forma. Ninguno de sus  pares, se suma a ellos.

Al mirarla pasar, los comentarios son los de siempre: “a ver cuánto le dura”, “le encanta llamar la atención”, “la quiero ver en veinte años”. “No participes en su proyecto, no vamos en engordarle el caldo”. En realidad poco importa, ella los implementa al interior de su grupo. De forma inevitable un día será una de esas maestras que cambian la forma en que se hacen las cosas.

En Consejo Técnico de Zona, este director “inquieto” propone una actividad conjunta. Comete dos pecados imperdonables: no presentarlo primero al líder de la zona, para pedirle aprobación. Y destacar de un grupo de jefes grises. La instrucción velada en público, directa en privado es: “no hay permiso ni apoyo, no vamos a engordarle el caldo”.

Y así se puede seguir ad nauseaum. Ejemplos sobran en foros públicos, privados, productivos, de servicios, educativos, familiares, políticos. Ideas, acciones, propuestas, soluciones viables sofocadas de origen, bajo una premisa fundamental. ¿Por qué voy a contribuir a este proyecto? ¿Qué hay para mí, qué gano yo? ¿Quién le nombró líder, quién se cree que es? ¿Quién le da derecho?

Negativa constante, mediana, esa de no engordar caldos. Condenando con esa simpleza mental, estrechez de miras y muestra contundente de pequeñez personal. A vivir quienes lo eligen, en espacios personales pequeñitos. En lo cuales cada una pareciera ser un minúsculo emperador. Dueño de universos, cuya extensión es cuatro paredes.

Inmutabilidad, estancamiento.

Mostrando con lo anterior, su justa dimensión intrascendente. A partir de pensamientos y acciones limitantes, estériles para sí mismos. Porque los ganadores siempre encuentran la forma de darles la vuelta,  superarlos. Y es que, casi por definición, las personas inquietas, muy a pesar de los conscientes, disciplinados, arrogantes, vigorosos. Y en muchas ocasiones contundentes esfuerzos que los intolerantes ponen en marcha para anularlos…

Terminan venciendo.

Shayd Santillán.

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