EL LADO OSCURO DEL LIDERAZGO  

 EL LADO OSCURO DEL LIDERAZGO   

No se nace líder, aunque en efecto al nacer, en el paquete de cada uno vienen a veces aisladas y a veces en combo algunas cualidades facilitadoras por medio de entrenamiento, para el ejercicio del liderazgo. Atentos, el contexto también cuenta. Una de ellas es sin duda la absoluta incapacidad de estarse quieto, el prospecto de guía siempre está haciendo cosas, cuando no las hay, entonces las inventa. Por cierto que guiar es un privilegio de servicio, no de mando, descubrir esa verdad es producto de un proceso. Por lo general es posible observar al líder cuando ya ha encontrado esta ley y por tanto es ya una persona consolidada. A consecuencia de ello resulta fácil pasar por alto el larguísimo y en no pocas ocasiones tortuoso camino recorrido para serlo. Este detalle que no lo es, omite toda sucesión de vivencias experimentadas, aprendizajes y renuncias por parte del protagonista…, pero también las experiencias de esta misma naturaleza, atestiguadas y muchas veces sufridas por quienes cerca de este, acompañaron su sendero ascendente.

Imaginemos un grupo de amigos que coincidiendo con un aprendiz de líder, en búsqueda perpetua de ser, hacer, convertirse en una mejor versión de sí mismo durante el tiempo que se la ha concedido. Le hallarán convencido, enfocado en su meta de vida…, poco a poco se va haciendo evidente no será capaz de suficiente tiempo dedicado al fut, club, partida de naipes o rodada dominical; pero no por falta de afecto ni ganas, sino por pura y dura concentración efectiva. Poco tiempo vital y muchos proyectos por llevar a cabo. Estos camaradas deberán conformarse con presencia espaciada, esporádica y aislada, o nada.

Ahora pensemos en una pareja conocida en la juventud, cuando toda inquietud y anhelo son incipientes, una época donde los primeros experimentos de existencia suceden. El futuro cabecilla en efecto no puede mantenerse inmóvil, siempre aprende, pregunta, hace, ensaya. Es probable esa sea una cualidad distintiva, hallada agradable por quien desee acompañarle en el trayecto y hasta deseable como argumento decisorio: “tiene claras sus metas, sabe lo que quiere, tiene ambiciones”.

Luego resulta, ese deseo incontenible por alcanzar, vencer, prevalecer, lograr, no sólo no se atempera, sino se recrudece hasta adquirir omnipresencia; justo cómo debe ser entre quienes aspiran dirigir a sus iguales.

Nada surge de la inacción.

No obstante, este no detenerse puede con el tiempo resultar inaguantable para personas con talantes más sosegados y aspiraciones modestas. Consecuencia, separación, la soledad de quien sostiene la corona…, y no es culpa de nadie, incluso si le buscamos podríamos concluir que la víctima es la pareja más calmosa, pues contrato inicial, clausulas y condiciones le son modificadas de forma continua y permanente hasta convertir un arreglo sencillo en galimatías de incansable evolución, donde el amoroso expectante siempre termina cediendo en nombre del amor

Al líder se le ama y odia con igual intensidad, casi siempre al mismo tiempo, dependiendo de sus decisiones y el espectro en que los sujetos de las mismas se encuentren, además de aspectos simples de su propia naturaleza como temperamento y la imposibilidad de seguirles el ritmo. Megas Alexandros era amado por sus hombres, pero le resentían con la misma fiereza por haberlos llevado a sufrir penurias al fin del mundo. La competitividad de Jobs era tal, que pocos soportaban incluso estar en el elevador junto a él. En lo relativo a contradicciones de toda naturaleza mejor ni hablar, bastan las historias de Mohandas, Madiba y Agnes. Las hay aunque cierto también es que la historia no sirve para regañar a los muertos, sino constituirse referente. En el caso de ellos, desmitificarlos, haciéndonos así un gran favor, porque entonces comprenderemos lo obvio, todos podemos transformarnos hasta igualarles, o más.

Viene a la mente una estrofa de Fito Páez, “las víctimas de nuestra felicidad”, en efecto acumuladas en el armario de cada narrativa personal. Nada de ellas se dice, condenadas a ser notas de pie de página en una novela creada por personalidades tan grandes, demandantes, absorbentes y en no pocos casos glotonas, que no admiten competencia alguna u opiniones diferentes. Devorando en su sendero de crecimiento y exponenciación siempre inacabado, todo a su paso…., comenzando en sus fases iniciales con quienes se encontraban en su entorno inmediato.

En efecto víctimas.

El proceso de llegar a ser no está exento de bajas.

Shayd Santillán.

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