EDUCACIÓN Y SALUD EMPODERAN

 EDUCACIÓN Y SALUD EMPODERAN
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La educación y la salud pública no deben seguir como programitas asistenciales, actividades de ayuda ocasional, acciones de clientelismo electoral, ánimo de entregar apoyitos, disfraz de gratuidad a medias.

Ni la política educativa, ni la política de salud, deben seguir como socorrismo, que por humanitario que parezca, elude las responsabilidades sociales básicas de un Estado democrático, que como en el caso de México, tiene con acceso a muchos recursos –si no los hubiera, de dónde tanto nuevo rico cada tres y seis años, de dónde multimillonarios mexicanos en la clasificación mundial-.

La educación y la salud son los cimientos de una sociedad que cuida la calidad de vida de sus personas y que evoluciona en armonía con su entorno.

La educación socializa el conocimiento para sostener una economía sana que produce y da para comer, para vestir, para educar, para atenderse en caso de enfermedad.

La salud es fundamental en la productividad, en el desarrollo de la persona y en la armonía familiar y comunitaria.

Ésas son las premisas que olvidan el neoliberalismo clásico y el neoliberalismo populista. Cada uno a su manera, los neoliberales clásicos como los neoliberales populistas se muestran tímidos para volver universales los servicios educativos y la atención a la salud.

Para los neoliberales clásicos como para los neoliberales populistas, los programas sociales valen por sus padrones de beneficiarios que se vuelven padrones de votantes seguros.

Bajo la etiqueta de partidas para el desarrollo social, convierten el presupuesto de las dependencias públicas en el presupuesto del partido político que los llevó al poder.

El político asistencialista  –joven y viejo, novicio o experimentado- se guía por su necesidad de verse caritativo. Vive de revictimizar. Revictimiza al ciudadano en situación de exclusión social, educativa y de salud. Porque para el político, el mayor testimonio de su benevolencia es la foto junto al excluido del desarrollo.

Un sistema educativo universal y un sistema de salud universal, diluyen las almas caritativas del político asistencialista y hacen difusa esa supuesta vocación de solidaridad humana.

La educación y la salud universales les dan poder de decisión y de acción a las personas. Por eso, la educación y la salud son un peligro para el clientelismo, son una amenaza para el político asistencialista.

Un sistema educativo universal y un sistema de salud universal empoderan a los seres humanos, los convierten en ciudadanos plenos.

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