DÍA DEL ABOGADO 2022

 DÍA DEL ABOGADO 2022

469 años han pasado desde aquella primera cátedra de derecho en La Real y Pontificia Universidad de México. El mundo ha cambiado, afirmación todavía más cierta desde hace 16 meses, en que la pandemia alteró todas las relaciones jurídicas existentes. Y no obstante, tan parecido en los aspectos fundamentales de la naturaleza humana y su búsqueda perpetua por encontrar significados.

Construir en los espacios físicos que habita, modificarlos. Dejar en ellos manifestaciones de su propia personalidad, carácter y pensamiento. Edificar al interior, dotar su existencia de protocolos y rituales de pertenencia e identidad. Armando en el proceso entramados abstractos, pero existentes, reales, vivos en su fuero personal, que sin embargo escalan a lo real.

Imaginamos para crear. Tan pronto las sociedades y gobiernos se dieron cuenta de que la convivencia permanente generaba tensiones de toda índole, fricciones, relaciones de afinidad o lo contrario. Se vio la necesidad de formalizar esos intercambios, compromisos y obligaciones, por medio de contratos. Regular todas sus consecuencias, movilidad social, económica y por supuesto los innumerables conflictos que de ellos derivaron.

La respuesta fue la ley y los abogados.

Hay que decir que en este tiempo no lo han hecho mal, aunque sin duda pudieron haberlo hecho mejor. En eso están, sin duda en su defensa argumentarán que se construyó sobre la marcha y en tiempo real. Aunque para este punto ya contamos con siglos de tradición y referentes sobre qué, cómo y cuándo hacer.

También qué no hacer y por qué.

Como ejemplo baste que para el siglo XVIII ya se hablaba de igualdad, libertad y fraternidad. Pero igualdad siempre que se fuera varón, libertad cuando se era de una posición acomodada y fraternidad si se compartía una forma particular de pensamiento. La liberal, en detrimento de otras, a las que se denominaba, de forma despectiva, conservadoras.

Hábito arraigado, según parece.

A lo anterior se sumaba que la igualdad lo era en la medida que los hombres se reconocían capacidad de razonamiento. Esta forma de asumirse dejaba fuera de la igualdad a quienes no fueran capaces de habilidades, talentos o procesos mentales ordinarios. Todo individuo por debajo de la expectativa, era considerado subnormal y por tanto inimputable. Carente valía para el estado y la sociedad. Habitante de un espacio intermedio entre lo humano y la animalidad.

Excluidos, invisibilizados y por tanto susceptibles de toda clase de excesos de trato.

Insisto, mucho tiempo ha pasado.

La inevitable reforma estructural del orden jurídico, producto de la evolución de los conceptos y la misma sociedad; cada vez más activa en la participación y demandas de respeto a sus derechos. Concibe la igualdad en términos de dignidad como redimensión del ser humano. Nos reconocemos dignos y también a los otros, dignidad como punto referencial e imperativo constitucional. A partir de esta concepción universal, toda diferencia es y debe ser irrelevante para el derecho.

Todos somos dignos en un nuestra diversidad.

Es un asunto de simple justicia, abordada desde la historia, filosofía y sociología. Pero considerada en el ámbito jurídico como la aplicación del derecho positivo vigente, es decir, la norma. Pero tomando distancia de concepciones superadas, dura lex, sed lex. (La ley es dura, pero es la ley). Antes bien entendiendo la ley aplicada, y por tanto el acto de autoridad; revestidos de ética como principio axiológico. En términos de democracia y reconocimiento de mi interlocutor, que al final soy yo mismo.

Un nuevo paradigma jurídico.

Como a pocos, a los abogados les queda clara la existencia de dos mundos. El normativo, de la ética a la que aspiramos y el fáctico, en el que transcurre nuestra vida. Entre ellos hay profundas diferencias. La normatividad transita en el terreno de lo abstracto, conceptual. El reto es lograr que la norma tenga incidencia en lo fáctico, conseguir que el Estado democrático constitucional de la letra, transforme la realidad existente a través de las instituciones y las personas. Alcanzar las dimensiones éticas planteadas en la ley.

Esto implica trabajo en conjunto, pero al mismo tiempo es un esfuerzo consciente y personal en el que cada uno es su propio jurisconsulto. La reflexión del actuar personal y práctica legal, en torno a una visión de derechos humanos, es un retrato de la evolución de nuestra conciencia individual y estatura moral. Eso ocurre en el taller personal, en la discreción de lo interno, pero se manifiesta sin duda en los hechos concretos.

Únicamente partiendo de lo personal, podemos convertirnos en agentes que incidan en lo externo, que para el caso mexicano está impregnado de inequidad, centralismo estatal en detrimento de la federación, concentración del poder público y su ejercicio casi discrecional. Simulación democrática que disfraza una cultura de dominación institucionalizada y violencia estructural, perpetuada por la impunidad que permea a cada capa social.

Ahí se circunscribe el abogado, desde el litigante hasta el magistrado. Lo llamamos control de convencionalidad, pero es la metamorfosis intencional, consecuente y sostenida del derecho público alrededor de tres ejes fundamentales.

Democracia, con su necesario cambio en el discurso jurídico, la reinvención del razonamiento legal, creación y fortalecimiento de instituciones defensoras de la misma democracia.

Los derechos humanos en las dimensiones nacional e internacional. Convertidos en parte central del derecho, limitando los actos de autoridad, denunciando omisiones y volviéndose referente para la elaboración de políticas públicas.

Derechos humanos concurrentes y complementarios al derecho convencional. Constitucionalidad, más convencionalidad, con todo lo que ello implica.

El abogado litigante como voz del pueblo y su dignidad. Atravesando y en muchos casos confrontando las estructuras de poder. Eslabón entre las personas y quienes ejercen el poder. Porque no podemos olvidar que el derecho es lucha, demanda, reivindicación.

Y por último, Estado de Derecho, que sin los otros dos componentes es incompleto y a veces simple comparsa. La historia sobra de ejemplos de estados de derecho sin democracia ni derechos humanos, legitimando regímenes autoritarios y rindiendo culto a personalidades equívocas.

En este construcción de nuevos entramados legales, aquellos que luchas necesitan conocimiento, técnica jurídica. Instituciones y leyes emanadas de ellas, requieren contextos sociales.

Así, los abogados del S. XXI entran en un debate que supera lo teórico y convive con lo práctico, lo determina. Un diálogo de consensos que alcance al discurso constitucionalista, a los instrumentos internacionales, a los intérpretes de la ley, a quienes toman decisiones.

Un México en el que coexistan el Estado de Derecho, el Derecho Internacional y los Derechos Humanos al centro. Uno de teoría como fundamento para los luchadores sociales, pero cuya aplicación sea práctica. En el que los derechos humanos en efecto alteren los equilibrios de poder, hacia el lado de la diversidad y la dignidad.

Hay mucho trabajo por hacer.

Shayd Santillán.

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