BIDEN, PRETEXTOS O RESULTADOS

 BIDEN, PRETEXTOS O RESULTADOS
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Lo ocurrido en los últimos días en Estados Unidos es sin duda un representativo golpe de timón. Ojalá para bien, pero las señales dicen mucho.

Al menos para los interesados.

Donald Trump es un mentiroso profesional, crónico, compulsivo y a conveniencia. Hizo de la mentira una estrategia y de la estrategia, política. Durante años se dedicó a agredir, ofender, descalificar, confrontar. Aunque muy diferente resultó su perfil incluso divertido, mientras habitaba un mundo personal, donde él era por supuesto productor, guionista, tramoyero, director y protagonista. Al peligro de tenerlo en una posición real de potestad y prerrogativa.

Lección aprendida, olvidada y recordada, evitar que los radicales lleguen a donde pueden hacer daño.

¿Por qué construyó su proyecto con base en la confrontación? Sencillo, quienes carecen de propuesta, sustancia o talento, por lo general requieren de uno o varios enemigos reales o imaginarios contra quienes pelear. Y LOS NECESITAN DE FORMA DESESPERADA, pues sin opuestos absolutos, ellos mismos, los demagogos populistas no tienen razón de existir.

Carecen de “plataforma”.

Basta observarlos para comprender que nunca actúan por propia iniciativa, no la tienen. Prefieren la reacción, esperan que alguien haga algo, cualquier cosa para de inmediato lanzarse al ataque con una receta facilísima:

1)         Decir que cualquier cosa, acción, decisión, opción de sus contrarios está mal.

2)         Decir por qué está mal.

3)         Decir que lo que ellos hubieran hecho estaría bien.

Y cuando se les pide explicar sus ideas, como no las tienen recurren a la siguiente fase.

4)         Invención de enemigos poderosos, ocultos e irremediablemente perversos que tienen por objeto destruir la verdad, la justicia y la claridad que irremediablemente ellos representan.

Las frases son de sobra conocidas:

“Tú, estas contra el progreso”.

“Seguro trabajas para ellos, ¿cuánto te pagan por mentir?”.

“Ellos son malos, nosotros somos buenos”.

En una fórmula tan antigua como exitosa, que triunfa porque no necesita de comprobación, razonamiento o lógica. Basta con ser creída, la vida pública resumida a un acto de fe.

Ojo, lo peor que puede pasarles es llegar a donde desean. Ver cumplidas sus ambiciones, pues se quedarán sin su materia prima: pretextos. En cambio suelen ser exitosísimas y poderosas figuras opositoras, pues tienen todos los privilegios de la democracia, sin sus responsabilidades. Y es que cuando se ejerce la responsabilidad, cualquier error es sujeto a escrutinio, juicio y hasta escarnio.

Ese trabajo lo puede hacer cualquiera.

No es lo mismo criticar que actuar, por eso muchos grandes opositores son pésimos gobernantes. Se preparan para antagonizar, no para administrar, resolver, dar resultados.

En medio de estos tiempos de postverdad, burdo enfrentamiento, conflicto e insulto; Biden no dedica ni una frase al pasado en tercera persona. Simple, no hay tiempo para culpar y construir a un solo compás. O se culpa o se construye, los verdaderos líderes construyen.

Tono de conciliación, reconciliación. Urge luego de la mendacidad vulgar y falsaria de su antecesor. Veremos si se mantiene en ese tenor, porque urge unidad en su país, profundamente dividido a consecuencia de sus propias contradicciones internas y polarizados por aquel que usó la división para ganar poder.

En una muestra de que las responsabilidades se asumen, no eluden. Apenas unas horas después de ocupar la presidencia comenzó a salvar el naufragio.

–               Biden usa cubrebocas, pide a todos usarlo,  hace corresponsables a sus compatriotas y pone el ejemplo. Además lo hace obligatorio en instalaciones federales.

–               Anuncia el reingreso de Estados Unidos a la Organización Mundial de la Salud. En palabras de Anthony Fauci, virólogo y asesor de su gobierno, la colaboración técnica con la OMS es “muy valorada” y “la trataremos de reforzar”.

–               Restablece la dirección de Seguridad Sanitaria Global en el Consejo de Seguridad Nacional. Se toma la pandemia y seguridad de sus ciudadanos en serio.

–               Cancela deportaciones por cien días.

–               Levanta la prohibición de viajes a E.U.A. provenientes de países musulmanes.

–               Declara la terminación inmediata de la construcción del muro. Ya sabemos qué muro.

–               Anuncia el reingreso de su país al Acuerdo de París, el mayor compromiso global en término de emisiones contaminantes. Al mismo tiempo cancela la combinación del oleoducto Keystone XL. Es posible que vaya por las energías limpias, bien.

–               Prolonga ejecuciones hipotecarias garantizadas por el gobierno federal.

–               Busca congelar capital e intereses de préstamos estudiantiles. Incluso se discute la cancelación de deudas de hasta 50 mil dls.

–               Su relación con la prensa se encuentra en una franca “Operación cicatriz”. La portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki dice: “Siento un profundo respeto por el papel de la prensa libre e independiente en nuestra democracia. Habrá días en los que no estemos de acuerdo en las ruedas de prensa, pero perseguimos un objetivo en común, que es compartir información veraz con el pueblo estadounidense”.

El cambio de tono es evidente, en una comprensión correcta de que un pueblo dividido es un pueblo débil, manipulable. Entendiendo que la división sólo beneficia a los camorreros, contrapone: “Si no estás de acuerdo conmigo, está bien. Así es la democracia”, “Soy presidente de todos, de quienes me apoyaron y quienes no”. Eso es altura de miras, así se mide la estatura de un gobernante.

Su capacidad para generar unidad, convivencia, diálogo, debate argumentado y respetuoso, de incluir a todos, de escuchar a todos, de representar a todos.

Por supuesto que su trabajo es para los estadounidenses. Por eso fue electo, cuidar, procurar, proteger. Ese es el trabajo de un presidente.

Unir, no lo contrario.

Shayd Santillán.

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