Lunes, 13 2020 Julio
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 LO ESCANDALOSO DE “TENER”

Doctorado en derecho penal, catedrático. Dirige un bufete creado por él mismo.  Lo ha visto crecer en prestigio y casos a consecuencia del trabajo bien realizado. Casa decorosa, por encima de la media, donde inicia la parte bonita de la ciudad. Gusta de trajes a la medida, lociones específicas y buena mesa. 

 

Conduce una camioneta nipona, que no deja lugar a duda de que su esposa decide las compras. Desea comprar una nueva, pero  no se puede. No es prudente llamar demasiado la  atención. De las vacaciones en el extranjero, mejor ni hablar. Guardarlas en la memoria y computadora de casa.

 

Hace algún tiempo habría sido un ejemplo a seguir, alguien que sin privilegios conquistó espacios, saliendo adelante. Éste puedo ser yo, esto puedo lograr con estudio y trabajo. 

 

Ahora es sospechoso.

 

Los mexicanos vivimos la instauración del prejuicio como forma de vida y comunicación institucional. El empoderamiento de la superstición, la superchería simplona. Una especie de vengativo clasismo a la inversa. Razonamiento ilógico y provinciano que afirma así, sin más; que todo logro material se origina en lo turbio. Imposible que proceda del trabajo, porque: “Yo trabajo todo el día y no tengo lo que tú. Seguro te lo robaste”.

 

Parece que lo único socialmente aceptable es la pobreza ignorante y no sólo eso; sino pasiva. A la espera perpetua de programas asistencialistas. Porque nada más los pobres son buenos. Aquí esa idea vetusta de “pobre, pero honrado”, vive en supremacía. El monopolio de la honestidad desposeída.

 

Es mal visto tener, ofensivo para la susceptibilidad desfavorecida e igualadora. Mejor todos en la chilla, que ver a otros poseer más. Y la maldad es proporcional a la claridad cutánea, a los códigos postales impresentables y maneras educadas. A mayor riqueza, mayor malevolencia. Todavía peor es mostrar cultura, imperdonable la inteligencia, porque “los listos nos dejaron en ruinas”.

 

En el reino de las opiniones desinformadas, el ruido entronizado como lenguaje, las bajas emociones gobernando cada esfera de la vida nacional. Sólo la conciencia generalizada de que todos estamos igual de jodidos, por culpa de los que estaban, sirve de consuelo. Aunque quien está, no aporte soluciones.

 

La vida pública como asunto de fe.

 

Pecado destacar.

 

Herejía no creer.

 

Shayd Santillán.

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